Paulatinamente va cayendo la tarde, como va cambiando en mi vida, el día y la noche.
Vienes a mi memoria, como si estuvieras a mi lado, puedo ver tu rostro, y distinguir tu figura, a pesar que mis ojos estén nublados.
Un atardecer de la vida, con un recuerdo vago, pero lleno de esperanza, por el milagro que algún día llegará.
Mientras la tarde se despide, con tristeza, que es tiempo de partir, y la noche a llegado.
Mi ventana abierta, se introduce el frío que son vestigios aún del frío invierno, y entra callada y misteriosa, la ansiada primavera, en este atardecer de los años.
Los vientos fuertes, como un gemido, en forma de lamento, el sonido de los pinos, que bailan con el sonido de quebrantadas de ramas de los viejos leños.
Ya no hay luz, más que un brillo opaco de estrellas que titilan, en el cielo nublado obstaculizan el brillo de la luna.
No importa que llegue el atardecer y la noche en la vida, es el despertar que viene, con lo romántico de la primavera.
No importan los años transcurridos, mientras el corazón siga latiendo, no importa la entrada de la noche, en el atardecer de nuestra existencia.
Por A. P. Illingworth.